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12 de noviembre de 2015

El aprendizaje de lenguas extranjeras

Un gran déficit. Es lo que tenemos el conjunto de la sociedad española con respecto a la adquisición de nuevas lenguas. Según los datos del Ministerio de Educación, ya desde que somos bien chicos, impartimos clase en una lengua extranjera – normalmente en inglés – en más de un 90% de los casos. Por añadir más, cuando cursamos la Educación Secundaria Obligatoria, añadimos una nueva lengua en el 50% de los estudiantes. Por tanto, nos encontramos con un panorama en el que un alumno español desde  los tres años hasta los dieciséis adquiere conocimientos de una lengua extranjera, y otro gran grupo que a partir de los doce suma a ésta otra lengua no nativa más.

Con estos datos sobre la mesa, lo más lógico sería pensar que un porcentaje alto de la sociedad española tiene conocimientos y la habilidad de dominar, al menos, una lengua extranjera. La cruda realidad nos dice que no. Esto se debe fundamentalmente a la calidad de la formación por parte de las instituciones educativas. Si bien es cierto que en algunos centros se toman en serio la enseñanza de lenguas extranjeras (con cursos de intercambio, clases impartidas en el idioma en cuestión, charlas coloquio, etc.) en la mayoría del territorio español no es así: se limitan a dar los conocimientos básicos para que los alumnos solventen la asignatura.

Todo ello conlleva a que el nivel de los alumnos sea paupérrimo en comparación con el que debería ser. Se salvan, como comentábamos anteriormente, aquellos alumnos que cursan estos idiomas en centros decentes o los que optan por formarse fuera en escuelas de idiomas, clases particulares, etc. Hay que recalcar que esta situación es totalmente injusta, ya que hablamos de costes adicionales que un alumno no debería realizar puesto que en sus respectivos centros, ya sean públicos o privados, les deberían impartir un nivel óptimo como para que no estén recurriendo a sesiones externas de aprendizaje.

Lamentablemente todo lo dicho en estas líneas no hace más que repercutir en los jóvenes que cada día salen de las aulas en busca de un puesto de trabajo. Creyendo saber inglés – cuanto menos – descubren que el nivel que tienen es muy inferior al del resto de sus competidores. Se vuelve altamente complicado para la mayoría de ellos pelear sin idiomas. Y hoy día como se nos recalca casi a diario: sin idiomas no haces nada.

La situación parece no tener solución a medio-corto plazo. Se trata de un problema de fondo que llevamos arrastrando ya muchos años y que, salvo que las instituciones educativas no cambien radicalmente, seguiremos sufriendo en las aulas españolas. Que no harán más que dejar – una vez más – en evidencia a nuestro país.

29 de octubre de 2015

Satisfacción de los estudiantes españoles con su educación


Después de realizar la investigación a un público masculino y femenino de entre 21 y 26 años que cursa diversas materias vinculadas a ingenierías, finanzas y otras carreras de ciencias y letras, hemos obtenido algunas conclusiones comunes.



El primer detalle que podemos subrayar de nuestra investigación reside en que casi el 60% de  los encuestados cursaron su educación primaria en centros públicos. El 29% lo hicieron en colegios concertados y el porcentaje restante cursó en centros privados. En el caso de la Educación Secundaria Obligatoria, los datos obtenidos son muy similares. Es importante evaluar estas cantidades porque a posteriori pueden ser la primera respuesta a algunas de las conclusiones finales que extraigamos en este ejercicio.
















Respecto a la especialización en Bachillerato, la mayoría de los encuestados –un 61%- tomó el camino de Ciencias Sociales y Humanidades, algo lógico teniendo en cuenta que también ha sido nuestra vía y que nos hemos apoyado en los más cercanos para llevar a cabo la investigación. El porcentaje restante le corresponde a los especializados en Ciencias y Tecnología aunque, eso sí, hay que reservar un 1% para aquellos que se dejaron llevar por los derroteros de las Artes.



Donde sí coinciden la mayoría de nuestros encuestados es en la satisfacción y la utilidad de la educación recibida. En ambos apartados, las muestras han sido generosas y los han calificado con notas muy similares: en torno al 7,5 en el primer caso y superando ligeramente esta cifra en ese segundo término referido a la utilidad. El 94% de los investigados han accedido a la universidad a partir de Bachillerato, mientras que solamente un 6% lo hizo tomando como trampolín un Ciclo Superior.















Por último, otro punto donde coinciden los encuestados es en los puntos débiles y los aspectos que podría mejorar la universidad. La mayoría de ellos se quejan de que apenas pueden poner sus conocimientos en práctica y que hay exceso de nociones teóricas que a posteriori quedan en evidencia por su escasa o directamente nula utilidad. Además de ello, algunos encuestados han señalado la falta de capacidad de algunos profesores y  el exceso del coste que supone recibir educación de calidad: estudiar sale caro.
 
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