Un gran déficit. Es lo que
tenemos el conjunto de la sociedad española con respecto a la adquisición de
nuevas lenguas. Según los datos del Ministerio de Educación, ya desde que somos
bien chicos, impartimos clase en una lengua extranjera – normalmente en inglés
– en más de un 90% de los casos. Por añadir más, cuando cursamos la Educación
Secundaria Obligatoria, añadimos una nueva lengua en el 50% de los estudiantes.
Por tanto, nos encontramos con un panorama en el que un alumno español
desde los tres años hasta los dieciséis
adquiere conocimientos de una lengua extranjera, y otro gran grupo que a partir
de los doce suma a ésta otra lengua no nativa más.
Con estos datos sobre la mesa, lo
más lógico sería pensar que un porcentaje alto de la sociedad española tiene
conocimientos y la habilidad de dominar, al menos, una lengua extranjera. La
cruda realidad nos dice que no. Esto se debe fundamentalmente a la calidad de
la formación por parte de las instituciones educativas. Si bien es cierto que
en algunos centros se toman en serio la enseñanza de lenguas extranjeras (con
cursos de intercambio, clases impartidas en el idioma en cuestión, charlas
coloquio, etc.) en la mayoría del territorio español no es así: se limitan a dar
los conocimientos básicos para que los alumnos solventen la asignatura.
Todo ello conlleva a que el nivel
de los alumnos sea paupérrimo en comparación con el que debería ser. Se salvan,
como comentábamos anteriormente, aquellos alumnos que cursan estos idiomas en
centros decentes o los que optan por formarse fuera en escuelas de idiomas,
clases particulares, etc. Hay que recalcar que esta situación es totalmente
injusta, ya que hablamos de costes adicionales que un alumno no debería
realizar puesto que en sus respectivos centros, ya sean públicos o privados,
les deberían impartir un nivel óptimo como para que no estén recurriendo a
sesiones externas de aprendizaje.
Lamentablemente todo lo dicho en
estas líneas no hace más que repercutir en los jóvenes que cada día salen de
las aulas en busca de un puesto de trabajo. Creyendo saber inglés – cuanto
menos – descubren que el nivel que tienen es muy inferior al del resto de sus
competidores. Se vuelve altamente complicado para la mayoría de ellos pelear
sin idiomas. Y hoy día como se nos recalca casi a diario: sin idiomas no haces
nada.
La situación parece no tener
solución a medio-corto plazo. Se trata de un problema de fondo que llevamos
arrastrando ya muchos años y que, salvo que las instituciones educativas no
cambien radicalmente, seguiremos sufriendo en las aulas españolas. Que no harán
más que dejar – una vez más – en evidencia a nuestro país.







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